Fiestas y Tradiciones: Cartago Fiestas y Tradiciones: Cartago
« Atrás

Desfile de faroles

La independencia de Costa Rica aconteció en 1821. Desde entonces, el pueblo costarricense celebra año con año este importante momento histórico.Sin embargo no fue sino hasta el siglo XX cuando la celebración de las fiestas patrias es liderada por el sector escolar, dándole un brillo y alegría inigualables.

El desfile de faroles recuerda el momento histórico, sucedido en 1821, cuando llega la noticia de la independencia del país.  Se menciona que fue María Dolores Bedoya quien valientemente recorrió por las calles de Guatemala la noche del 14 de setiembre de 1821 con un farol en sus manos  invitando a las personas  para que se congregaran en la plaza, frente al cabildo, donde estaban reunidas las diputaciones provinciales de Guatemala, entre ellas Chiapas, Honduras y El Salvador.  Su objetivo era presionar a los políticos para que se firmara el Acta de Independencia. De esta forma se siguió la tradición de adornar las casas con adornos con los colores patrios y hacer un desfile de faroles el día 14 de setiembre a las seis de la tarde en recordación del acto heroico de María Dolores Bedoya.

A las seis de la tarde, los niños y las niñas se congregan en su centro educativo para cantar el Himno Nacional y participar del popular desfile por las principales calles. Como en el mes de setiembre abundan las lluvias, la esperanza es que al iniciar la noche no llueva para que el desfile se desarrolle sin mayores contratiempos. Es tradición que los propios escolares, con ayuda de sus padres y educadores, confeccione hermosos faroles para participar en el desfile. Con anticipación, se buscan los materiales requeridos para el diseño del farol.

Una caja de cartón, papeles de colores, engrudo, un palo y un cabo de candela o foco son los materiales básicos requeridos para la construcción del mismo. Con gran destreza dan forma al farol, procurando dejar suficientes espacios que tapados con papel seda o celofán para una buena iluminación y sombras.

Antiguamente, quienes no tenían plata para elaborar el farol con papeles relucientes, conseguían una toronja o jícaras que le extraían la pulpa y le hacían huecos con un cuchillo bien filoso o con tarros viejos (latas vacías de manteca) a los que también les hacían aberturas para que alumbraran al encender la candela.

También, antiguamente gran parte de los materiales para la confección del farol eran obsequiados por las escuelas para estimular que todos los niños y las niñas participaran.

Antes de las cinco de la tarde, decenas de chiquillos se dirigían a la escuela para participar del acto cívico. Con impaciencia se esperaba la llegada de la antorcha al lugar e inmediatamente se entonaba el Himno Nacional a las seis de la tarde. Esa noche era una verdadera fiesta. La creatividad y buen gusto se demostraban esa noche. Se exhibían figuras muy diversas, donde sobresalían las casitas típicas, canastos con café, trapiches, carretas y formas geométricas.

Es importante indicar que la  tradición de celebración del Día de la Independencia como una fiesta nacional que se nutre de la participación de los niños y las niñas y colegiales, data desde principios del siglo XX. De acuerdo con el historiador David Díaz, desde 1821 habían sido diferentes los medios aplicados por los políticos para celebrar el día de la Independencia.

Se menciona que hacia finales del Siglo XIX los actos de celebración que se organizaban para el 15 de setiembre eran promovidos por el Poder Ejecutivo y los Gobiernos Municipales. Los actos de celebración para esa época requerían una inversión económica importante y ante la falta de recursos y el interés de mantener la tradición de fiesta patriótica, se decide promover las actividades desde el medio escolar. De esta forma, a partir de 1899, las escuelas iniciaron con la tradición de celebración de actos cívicos, los cuales incluían cánticos, desfiles, discursos y actividades educativas sobre los símbolos patrios y los cantos para celebrar las fiestas nacionales. Se registran en los primeros años del siglo XX actividades conmemorativas que revestían gran importancia.

Para el 15 de setiembre de 1903 se estrenó la nueva letra del Himno Nacional, cantada por los escolares en todos los centros educativos del país. En 1907, la Secretaría de Instrucción Nacional encargó la confección de 5000 banderas tricolores para que los escolares desfilaran con ellas con motivo de la celebración del 15 de setiembre.

La celebración de la Independencia trascendió el medio escolar para convertirse en una fiesta nacional, con una activa participación de los padres de familia y la organización comunitaria, donde los desfiles de los niños y las niñas con banderas tricolores engalanaban las calles cada 15 de setiembre. Los desfiles se caracterizaban por la participación masiva de escolares, quienes se enfilaban de una forma ordenada y marchaban con pasos militares por las calles al ritmo de tambores.

En la primera década del siglo XX, los desfiles en la capital tenían su fin en el Parque Morazán, donde un político generalmente cerraba con un discurso.

En el caso de las comunidades rurales, los desfiles estudiantiles tenían su encuentro final en la plaza del pueblo, frente al templo católico o en el palacio municipal. De acuerdo con la investigación realizada por el historiador Díaz, entre 1899 y 1921, la fiesta escolar con motivo de la celebración de la Independencia se generalizó a todo el país y se estableció como parte del calendario escolar.

La fiesta demandaba la activa participación de los y las estudiantes, fomentándose el espíritu cívico patriótico, manifestado durante una semana con diversas actividades que requerían la participación de los niños y niñas y el involucramiento de su familia. Cantar el Himno Nacional, realizar actos cívicos durante todos los días de la semana, marchar y portar la bandera en los desfiles o participar en el desfile de los faroles son recuerdos de todos.