Ciencia sin edad: TCU de Química acerca el conocimiento STEM a las personas adultas mayores
La iniciativa “Grandes Saberes” promueve el acceso inclusivo a la ciencia mediante talleres, charlas y experiencias en laboratorio que fortalecen los vínculos intergeneracionales.
Durante los encuentros se realizaron talleres de solubilidad, antioxidación, y biopolímeros, además pudieron visitar el museo de insectos. Foto: cortesía del TCU "Desarrollo de habilidades cognitivas y blandas en estudiantes de escuela y colegio por medio de laboratorios STEM"
Desde la Escuela de Química de la Universidad de Costa Rica (UCR), el proyecto de Trabajo Comunal Universitario denominado "Desarrollo de habilidades cognitivas y blandas en estudiantes de escuela y colegio por medio de laboratorios STEM" (TC-730), impulsa la iniciativa “Grandes Saberes: acercando a las personas adultas mayores a la ciencia”, una propuesta que busca democratizar el conocimiento científico desde un enfoque participativo, inclusivo y comunitario.
Este proyecto surge como respuesta a la necesidad de generar espacios distintos para poblaciones que históricamente han tenido un acceso limitado a procesos educativos formales, particularmente personas adultas mayores, muchas de ellas con trayectorias educativas interrumpidas o en contextos de vulnerabilidad social. En este marco, el proyecto ha trabajado con población de la Asociación Albergue de Rehabilitación al Alcohólico Adulto Mayor Indigente, en Tirrases, y el Centro Diurno San Vicente de Paúl en Tibás.
A través de talleres prácticos de laboratorio, las personas participantes no solo se acercan a conceptos científicos, sino que los experimentan directamente. Actividades como la elaboración de plástico con materiales accesibles —vinagre, maicena y alcohol— han generado entusiasmo y curiosidad entre las personas participantes, quienes además destacan la experiencia de utilizar batas y equipo de laboratorio como parte del proceso.
“Me pareció interesante, nunca había participado de algo así. Los estudiantes se portaron a la altura”, comentó Óscar Ballart Vargas, participante de los talleres. En la misma línea, Luis Torres Castillo expresó: “No tengo palabras para agradecerles, siendo tan jóvenes la atención era sumamente madura y nos dejaron una gran enseñanza. Fue bueno compartir en los laboratorios”.
La articulación con estas poblaciones no es reciente. Según explicó Adriana Jiménez Morales, enlace con el albergue, la Universidad de Costa Rica ha mantenido un trabajo sostenido mediante TCU y prácticas estudiantiles: “Desde hace años la universidad trabaja con nosotros brindando diferentes cursos, lo que genera un impacto positivo en la población adulta mayor cuando los reciben”.
Por su parte, el docente José Alfredo Jerez Chaverri, responsable de la iniciativa, señala que uno de los principales objetivos principales es acercar a esta población a entornos como la universidad.
“acercar a estas personas a la universidad es poder darles un espacio diferente, que no sea solamente el lugar donde ellos están, sino acercarlos para que se sientan aceptados, como parte de lo que la universidad debería ser: extenderse a la comunidad”, explicó.
Además, el proyecto busca fortalecer el pensamiento crítico mediante la alfabetización científica, promoviendo una comprensión básica de la sistematicidad de la ciencia y herramientas para cuestionar la información que circula en entornos como las redes sociales. En palabras de Jerez, se trata de “darles un espacio donde puedan acceder a conocimientos que en su momento no dimensionaron que existían”.
Este enfoque responde también a una ausencia identificada en el ámbito académico. “Cuando revisamos la literatura, la población adulta mayor prácticamente no aparece en la pedagogía de la química o en STEM. Es como si ya no fuera considerada parte de estos procesos”, señaló el docente, quien enfatiza la importancia de visibilizar a esta población en un contexto de envejecimiento demográfico creciente.
El impacto del proyecto no se limita a la población beneficiaria. Las y los estudiantes que participan en el TCU también experimentan un proceso formativo significativo, al enfrentarse a contextos reales donde deben adaptar el conocimiento técnico a dinámicas humanas diversas.
Catalina González Sosa, estudiante de Química, destaca que la experiencia le permitió desarrollar habilidades de comunicación, empatía y adaptación: “Fue especialmente valioso aprender a transmitir conceptos científicos de manera clara, sencilla y accesible, respetando los distintos ritmos de aprendizaje”. Asimismo, subraya que este proceso le permitió comprender “la importancia del conocimiento como herramienta de inclusión y bienestar”.
Por su parte, Laura Flores resalta el carácter integral del aprendizaje: “Trabajar con personas adultas mayores me hizo ver la ciencia desde una perspectiva más inclusiva y social”, y añade que esta experiencia le enseñó que “enseñar no es únicamente comunicar información, sino también hallar la forma apropiada para hacerla entendible a cada individuo”.
Las tareas desarrolladas por el estudiantado incluyen la guía en laboratorio, explicación de experimentos, acompañamiento personalizado y generación de ambientes de escucha. Estas dinámicas han permitido construir ambientes de confianza, donde las personas adultas mayores participan activamente y comparten sus propias experiencias.
Uno de los hallazgos más significativos del proceso ha sido el vínculo intergeneracional que se genera entre estudiantes y participantes. Según Jerez, este intercambio produjo transformaciones profundas en el propio estudiantado.
Este tipo de experiencias evidencian que la acción social universitaria no solo contribuye al bienestar de las comunidades, sino que también forma profesionales con mayor sensibilidad social y compromiso ético.



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