VOZ EXPERTA: El patrimonio y la gestión cultural, la vinculación entre el pasado y el presente
Una broma entre historiadoras e historiadores es que no olvidamos nada porque nos ganamos la vida de “estar sacando el pasado”, y esto; entre risa y risa, se cumple ya que, a partir de las huellas del pasado tratamos de acercarnos al presente. No podemos vivir en el pasado, pero olvidarlo nos condena a olvidar quiénes somos y no solo en términos individuales, sino de quiénes somos como comunidad, barrio y país. Una manera de no caer en el olvido es por medio del patrimonio cultural y la gestión cultural, dos términos que no pueden existir el uno sin el otro.
Personas Térraba portadoras de tradiciones culturales participan de la Danza del Toro y la Mula en una actividad comunitaria que refleja parte de la riqueza del patrimonio cultural vivo de Costa Rica. Foto: archivo OCI, UCR.
Si tomamos en cuenta que la Unesco define el patrimonio como “el legado que heredamos del pasado, con el que vivimos hoy en día, y que transmitiremos a las generaciones futuras. Nuestro patrimonio cultural y natural constituye una fuente irremplazable de vida y de inspiración” (Unesco (s.f.), https://www.unesco.org/es/world-heritage). El patrimonio nos remite a tener en cuenta que todo aquello que conforma el patrimonio es muy amplio, no son solo objetos o edificios “o casas viejas” las que constituyen lo tangible o lo material, sino que también, dentro de la noción de patrimonio cultural, se incluye todo eso que no podemos tocar pero que nos recuerda dónde venimos, ese patrimonio inmaterial que nos transporta con una palabra, el sonido de un instrumento o el aroma de un platillo, pues tanto la música, canciones, festividades religiosas y comunitarias y la gastronomía, forman parte de nuestro patrimonio.
Si nos ponemos a pensar, estos elementos que he mencionado no necesariamente nos remiten únicamente a grandes monumentos, edificaciones u obras de arte, sino que incluyen objetos de lo cotidiano, como herramientas, utensilios de cocina, trajes y hasta juguetes que forman parte del quehacer diario pero que al formar parte de nuestro patrimonio han trascendido en el tiempo, han pasado de una generación a otra.
Como lo he mencionado al inicio, el patrimonio cultural va de la mano con la gestión cultural. Al darme a la tarea de escribir este texto vino a mi mente una de las publicaciones de un amigo y colega historiador, de quien tomo prestada su definición de gestión cultural, al decir que “es un campo interdisciplinario y dinámico, orientado a la preservación, promoción y dinamización del patrimonio cultural. Su propósito es garantizar el acceso equitativo a la cultura, fortalecer la identidad colectiva y fomentar la participación ciudadana en la construcción de la memoria histórica” (Chaves Marín, 2025, p. 3). Aquí nos plantea dos temas claves: el llamado al trabajo interdisciplinario y dinámico, lo que abre las puertas a un trabajo colaborativo y que se nutre de los aportes de distintas ramas del saber; por otro lado, la necesidad de garantizar el acceso equitativo y la participación ciudadana, es decir, llegar a las comunidades y que desde ellas y con ellas se impulsen iniciativas locales para la preservación de su patrimonio, como un trabajo conjunto y horizontal, no desde el extractivismo académico, sino desde la convicción de que todos los saberes son importantes y vale la pena luchar por su preservación. El patrimonio, ya sea material, inmaterial o natural, posee un valor que va más allá de lo monetario, pues da sentido y crea comunidad. Este se crea, se transmite y cambia como la vida misma, como los seres humanos, el patrimonio se resignifica.
La gestión cultural forma parte de un proceso social, de hacer comunidad y de vernos en identidades que nos unen y permiten sentirnos integrados a un grupo determinado. En un contexto en el cual el patrimonio cultural, artístico y natural se ve en peligro debido al desinterés de ciertos sectores que lo perciben como poco importante o innecesario y en que la falta de presupuesto se convierte en un obstáculo más, es cuando la Universidad de Costa Rica como institución benemérita de la educación debe hacerse presente. En el 2023, yo formaba parte de Cicop Costa Rica (Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio Costa Rica) y tuvimos el honor de llevar a cabo el XVI Congreso Internacional de Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico y Edificado: Paisajes Culturales, donde contamos con el apoyo de la Escuela de Estudios Generales y la Vicerrectoría de Acción Social. Dicho congreso, unió a estudiantes, profesionales de distintas áreas y personas gestoras de cultura de todas partes del mundo, y esto permitió el intercambio de experiencias desde lo educativo, artístico y hasta lo tecnológico, unas con un largo camino recorrido, otras como en nuestro caso, que dábamos los primeros pasos.
En este sentido, la Vicerrectoría de Acción Social se torna en un vínculo entre academia y comunidades a lo largo y ancho del país al convertirse en un espacio para la gestión cultural, por medio de proyectos, el trabajo comunal universitario y el apoyo que día con día brinda a distintas iniciativas, pues su misión es “promover, coordinar, asesorar, evaluar proyectos y actividades académicas vinculadas con los procesos de creación y producción artística, la gestión cultural, el fortalecimiento del patrimonio material e inmaterial, el deporte, la recreación, la inclusión, la comunicación, la promoción de la cultura científica y el reconocimiento de la diversidad cultural”.
Esta no es una tarea fácil, pero la creación de espacios de participación e intercambio se vuelve cada vez más necesaria, por lo cual, una iniciativa como el I Congreso de Cultura y Patrimonio, impulsado por la Sección de Cultura y Patrimonio de la Vicerrectoría de Acción Social para agosto 2026, tiene entre sus objetivos la creación de “un espacio académico e interdisciplinario de encuentro orientado a la generación de articulaciones que fortalezcan el ejercicio de las prácticas artísticas y culturales como herramientas para el empoderamiento y el cambio social, tanto para la comunidad universitaria como para personas fuera de ella”.
La preservación del patrimonio cultural no debe estar en manos únicamente de la academia o de otras instituciones estatales, por el contrario, es un trabajo de todas y todos, en tanto que forma parte de quienes somos, de nuestra memoria colectiva. El trabajo con los gestores culturales en las distintas comunidades debe constituirse en uno de los ejes principales y así propiciar un empoderamiento que conlleve a la valoración de lo propio, a la educación, el arte y la cultura como herramienta de transformación social desde la inclusión y el respeto, y que sirve de vínculo entre distintas generaciones, articulando el pasado con nuestro presente.
Referencias
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Chaves Marín, A. (2025). Gestión cultural y patrimonio: el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría como guardián de identidades y memorias costarricenses,1974–2024. Revista del Archivo Nacional, 89, e1085-e1085.
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Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO] (s.f.) Patrimonio mundial https://www.unesco.org/es/world-heritage
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Vicerrectoría de Acción Social [VAS] (s.f.): https://accionsocial.ucr.ac.cr/



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